sexta-feira, 30 de janeiro de 2009

a santa sem tripas

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- De eso no tuvo el cura la culpa.


- No, señora. Ya se ve que fue por mor de la sordera. Pero, luego, no fue eso lo peor, sino que va y le pergunta que cuál era la santa sin tripas.


- La santa sin tripas? No caigo, María Francisca. ¡Mira que no saberlo yo, que tengo a toíto el santulaje en la punta e los deos!


- Eso mismo decía el probe de Juanito, que quién lo iba a saber. El se quería casá pa el Domingo de Ramos, y se le iba pasando el tiempo sin atinarlo; pero don Hipólito se empeñaba en no casarle mientras no se lo aprendiera. El muchacho se llevaba al campo el catacismo en los bolsicos de los pantalones pa repasarle cuando descansaba de ará; pero... ¡que si quieres! Hasta que su madre se agarró a la influencia de la Cachirula, que pa eso guisaban en su casa, pidiéndola que su hijo acabase ya de depená al probe Juan. Se conoce que la madre habló al cura, porque anoche, cuando fue mi primo a su casa, desesperaíto, va y le dice don Hipólito, con mucha risa:


"- ¡La santa sin tripas es la Santa Crus, hombre, la Santa Crus!"


- ¡Ave María Purísima! -, exclamó seña Julia santigüándose. Y, a su vez, se puso a dar jabón a la ropa con mucha rabia.

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excerto do conto El Curita (escrito em Março de 1918) -, em Cuentos de Resolana, de Isabel Gallardo de Álvarez

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1 comentário:

Juan Rodríguez Pastor disse...

Hola, Antonio:
Es bonito ver aquí estas cosas de tu bisabuela. Un saludo. Juan Rodríguez Pastor